Grupo B: Rodrigo, Fernando, Mauro, Ma Laura y Sabrina
La
Yerba Mate
El
origen de la yerba mate es atribuido principalmente a las divinidades, aunque
existen varias versiones sobre su nacimiento; algunas son puramente indígenas,
otras poseen resabios de la época de evangelización.
Los
guaraníes enseñaron a los españoles como utilizar la yerba mate, la bebían como
medicina, absorbiendo mediante una caña agua fría mezclada con estas hojas.
Los
Jesuitas la cultivaron en las colonias que poseían. Aquí podemos incluir la
primera versión de la leyenda, difundida en la cultura cristiana: se
encontraban San Juan y San Pedro en la provincia de Misiones cuando los
sorprende la noche. Un hombre mayor de muy bajos recursos los hospeda en su
rancho, en el que vivía con su única hija. Como retribución a su desinteresada
atención, los Santos le prometen que su hija será inmortal, vivirá para
siempre, convertida en árbol de yerba.
Otra
versión con raíces colonizadoras atribuye a Santo Tomas el descubrimiento del
uso de la yerba mate. Los guaraníes les contaron a los Jesuitas que había
estado en la tierra el Pai Zumé, un hombre sabio que realizaba milagros, y les
había revelado los beneficios medicinales de esta planta. Lo que interpretaron
los religiosos fue que a los indígenas se les había aparecido el apóstol Santo
Tomas, por lo que comenzaron a difundir esta versión cristiana del origen de la
yerba mate.
La
primera leyenda extendida entre los indígenas nos cuenta que Tupá- dios del
bien- estaba visitando la tierra, cuando llego a la casa de un viejo pobre y le
pidió alojamiento. Para atender a su huésped el viejito sacrifico la única
gallina que tenia, le dio de comer a Tupá y lo albergo en su casa. En
agradecimiento el dios le obsequio un arbusto y le indico su uso. Las hojas
debían tostarse antes de ser ingeridas en forma de líquido. Era el caa-guazú,
que en Guarini significa “yerba esplendida”.
El
ceibo
Anahí
fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y
muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su
centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó,
y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y
huyó rápidamente a la selva.
El
grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en
una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato,
fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del
guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera. La ataron a un
árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la
doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza
inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue
convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.
Al
siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un
hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que
se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante
el sufrimiento.


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