lunes, 1 de julio de 2013

Patrimonio Natural de la Humanidad

Grupo E: Ramiro, Patricia, Ma Mercedes, Marisol, Geraldine y Guadalupe.

Cataratas del Iguazú: Misiones - Argentina



Glaciar Perito Moreno: Santa Cruz - Argentina


Pasado y presente de la Ciudad de Buenos Aires: ¿Cuánto patrimonio perdimos?

Grupo D: Federico, Juan, Delfina, Romina, Angelina


El Tango: nuestra música es Patrimonio de la Humanidad

Grupo C: Ma Victoria, Melanie, Carolina, Sebastián y Lautaro


Leyendas: Patrimonio Cultural Intangible

Grupo B: Rodrigo, Fernando, Mauro, Ma Laura y Sabrina

La Yerba Mate 


El origen de la yerba mate es atribuido principalmente a las divinidades, aunque existen varias versiones sobre su nacimiento; algunas son puramente indígenas, otras poseen resabios de la época de evangelización.
Los guaraníes enseñaron a los españoles como utilizar la yerba mate, la bebían como medicina, absorbiendo mediante una caña agua fría mezclada con estas hojas.
Los Jesuitas la cultivaron en las colonias que poseían. Aquí podemos incluir la primera versión de la leyenda, difundida en la cultura cristiana: se encontraban San Juan y San Pedro en la provincia de Misiones cuando los sorprende la noche. Un hombre mayor de muy bajos recursos los hospeda en su rancho, en el que vivía con su única hija. Como retribución a su desinteresada atención, los Santos le prometen que su hija será inmortal, vivirá para siempre, convertida en árbol de yerba.
Otra versión con raíces colonizadoras atribuye a Santo Tomas el descubrimiento del uso de la yerba mate. Los guaraníes les contaron a los Jesuitas que había estado en la tierra el Pai Zumé, un hombre sabio que realizaba milagros, y les había revelado los beneficios medicinales de esta planta. Lo que interpretaron los religiosos fue que a los indígenas se les había aparecido el apóstol Santo Tomas, por lo que comenzaron a difundir esta versión cristiana del origen de la yerba mate.

La primera leyenda extendida entre los indígenas nos cuenta que Tupá- dios del bien- estaba visitando la tierra, cuando llego a la casa de un viejo pobre y le pidió alojamiento. Para atender a su huésped el viejito sacrifico la única gallina que tenia, le dio de comer a Tupá y lo albergo en su casa. En agradecimiento el dios le obsequio un arbusto y le indico su uso. Las hojas debían tostarse antes de ser ingeridas en forma de líquido. Era el caa-guazú, que en Guarini significa “yerba esplendida”.

El ceibo


Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.
El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato, fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera. La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.

Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

Patrimonio natural, histórico, cultural: El Parque Avellaneda

Grupo A: Ma Celeste, Nahuel, Lucila, Juan Martín y Marianella.